Ser feliz

felicidadmariposasA diferencia de lo que muchos piensan ser feliz no es sinónimo de una vida perfecta. Muchas personas cuando ven a alguien sentirse bien en su cotidianidad piensan que es porque tiene todas las parcelas cubiertas en su vida, porque tiene aquello que ellos tanto ansían y está libre de preocupaciones, pero esto no es una realidad. Todos tenemos “cadáveres en el armario”, unos más y otros menos pero todos tenemos cosas y que alguien se muestre satisfecho tiene más que ver seguramente con su modo de percibir la vida y de gestionar esos vaivenes que con la perfección.

No vamos a negar que tener ciertas cuestiones más o menos resueltas nos aporten felicidad4tranquilidad, es decir, a todos nos deja más calmados saber que tenemos, por ejemplo, una economía saneada, una casa confortable que habitar o una buena salud.
Pero, más allá de lo básico, siempre hay algo que trabajarse o aprender y cómo tú seas capaz de tribular esas aguas es lo que determina cuántas veces sonríes al día. La perfección no existe y la sonrisa y el bienestar no están supeditados a vivir como en una teleserie americana sino que se basa más bien en comprender que la vida, es más el camino que la meta, en conocerte y en saber obtener aprendizajes. ¿Cuánto quieres esperar para estar en paz?

Con amor,

Raquel García García

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Nunca es tarde

nunca-es-tarde.jpgHoy quería invitaros a reflexionar sobre algo que me ronda el corazón hace tiempo. Nunca es tarde para empezar a hacer algo que nos gusta. Si realmente sientes que es el momento de darle un aire nuevo a tu vida, de marcar un nuevo rumbo, lánzate a ello. No enfoques tu mirada en lo que los demás puedan decir o pensar, en si eres demasiado mayor para hacer esa actividad que siempre has dejado aparcada por atender a otras responsabilidades, por falta de tiempo, por pensar que sólo eran castillos en el aire o en si no eres lo suficientemente bueno. Eres tú quien vive contigo y quien elige su camino. Sucede que a menudo nos quedamos arrinconados debido a esos miedos y al ridículo y la vida pasa…nos pasa…¿quieres verla pasar tras los cristales o quieres formar parte activa de ella?  Nos quedamos atrapados en el pragmatismo, en el “por si acaso”, en el qué dirán, en el “¿y si me equivoco?” y sí, no te voy a engañar, te puedes equivocar, pero si no lo intentas nunca lo sabrás y ¿acaso no está hecha la vida de eso; de aprendizaje? ¿cómo aprenden los niños a caminar y a hablar? pues simplemente cometiendo errores y retomando el rumbo. No te pido que apartes tus miedos o que los entierres en el jardín sino que los cojas de la mano, abandones el sofá y salgas a caminar con ellos. Que tus logros y tus tropiezos sean tuyos, teje tu vida con tus propias manos, porque todo sabe mejor desde ahí. Si tienes que volver a empezar 30 veces hazlo, reinvéntate, saca partido a todo lo que eres y llevas dentro…sal de tu zona de confort…te lo mereces.

Con amor,

Raquel García

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Inspírate

naturaleza-1-fondos-de-pantalla-con mi frase¿Hacia dónde miras mientras caminas? Hay belleza por todas partes; tan sólo hay que aprender a observar. Normalmente vamos tan embelesados con nuestros propios pensamientos que nos perdemos lo que realmente está pasando en cada momento; dejamos de sentir el viento en nuestra cara, los árboles meciéndose al ritmo de la brisa, las puestas de sol, las flores que se abren, los gestos de las personas al caminar…todo esto y mucho más está ahí fuera cada día para inspirarnos; para fortalecer nuestra pasión por la vida y nuestras ganas de seguir creciendo. Pero en lugar de atender a esto, solemos estar enfrascados en el tiempo que me queda para llegar a mi destino, en lo que aún tengo pendiente de hacer ese día o esa semana o incluso en algo que me pasó hace unos días y que todavía no he conseguido quitarme de encima. Si no somos capaces de percibir y saborear esos “pequeños milagros cotidianos” que ocurren cada día; si no podemos pararnos a oler el aroma de un buen café, deleitarnos con el canto de un pájaro, embriagarnos con la risa de un niño o ni tan siquiera pararnos a reconocer lo que sentimos …no será difícil sentirnos alienados y desmotivados. Si todo son prisas, quehaceres y responsabilidades te pierdes la vida y eso, sí que es una prioridad…vivir. Al fin y al cabo, nadie sabe cuánto tiempo estaremos aquí pero sí que, al menos durante esta existencia, estamos de paso…¡Carpe Diem!

Raquel García García

www.semilladeconsciencia.com

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La relación de ayuda.

love and friendship conceptMi reflexión de hoy va sobre la relación de ayuda. Y muchos se preguntarán a qué me refiero exactamente con esto.

Pues bien, “la relación de ayuda es una expresión particular del compromiso que cada individuo tiene de socorrer al prójimo que está luchando con las dificultades de la vida. Es una práctica común que se realiza en los más diferentes contextos: en la familia, en los grupos de amigos, en el ámbito del trabajo y del tiempo libre..” (http://escuela.med.puc.cl/publ/arsmedica/ArsMedica12/Elementos.html)

Cuando hablo de la relación de ayuda, pues, no me refiero sólo a las profesiones en las que esto tiene lugar como la de terapeuta, sino que lo hago extensible a todos aquellos ámbitos en los que nos relacionamos con otros, e incluso, con nosotros mismos. Nunca he entendido el apoyo emocional como una intención de salvar al otro ni de solucionarle sus problemas. De hecho, en la mayoría de ocasiones, cuando un amigo o familiar solicita nuestro apoyo compartiendo con nosotros su malestar no pretende que le solucionemos el asunto o que le digamos lo que tiene que hacer, sino simplemente solicita un corazón al que expresar su dolor porque la carga, compartida, suele ser menos carga. Y aunque lo solicitase, si tratásemos de ofrecerle esto, no estaríamos más que mermando su propia responsabilidad sobre sí mismo y lanzando mensajes indirectos a su inconsciente sobre su falta de capacidades para desenvolverse en esta vida. Obviamente, si se trata de un problema meramente pragmático, que está en nuestras manos solventar, sí que intentaremos ofrecerle esa posibilidad para que él o ella decida si es óptimo para su caso, pero cuando hablamos de conflictos emocionales o de asuntos que no tienen una posible solución inmediata no es ese el camino y la simple escucha en silencio o un diálogo amoroso, sin juzgar y con el corazón abierto puede ser altamente beneficioso y sanador para ese corazón que sufre.

Tampoco empatizar con el otro y ser compasivo pasa por tratarle como si fuese un niño, tenerle lástima o, algo que es muy habitual, restarle importancia a lo que le ocurre. No, el que sufre no busca tu condescendencia, sino tu apoyo y solidaridad y dirigirte de alguna de las formas anteriormente descritas, sólo desembocará en un malestar superior y un mayor deterioro de su autoestima, por mucho que en tu intención esté sólo ayudarle, porque esa persona, aun con su conflicto (que no olvidemos que todos los tenemos en mayor o menor medida), es una persona adulta y responsable, con capacidad de resiliencia y de transitar su propio sendero. El problema o dolor no menguará porque tú trates de quitarle importancia fruto de querer hacer más liviana su carga o incluso de considerar que para ti eso no es tan relevante o trascendental. Lo importante, en este caso, es lo que signifique para ese corazón y no para el tuyo.

Muchas personas se agobian ante el dolor ajeno porque se sienten inútiles cuando no pueden ofrecer una solución, pero no debemos olvidar que no es lo mismo compartir recursos que tratar de dirigir la vida del otro; no es lo mismo ofrecer la caña que el pescado y, en última instancia, no hay nada más sanador que un corazón vibrante dispuesto a escuchar y acompañar.

Y esto me lleva a lo que yo entiendo por acompañamiento terapéutico. Siento que un terapeuta cumple su misión cuando acompaña a la persona en su propio autodescubrimiento; cuando le guía en la tarea de encontrar sus propios recursos, sus propias respuestas y le ofrece herramientas que podrá poco a poco utilizar por sí mismo, para llegar a navegar por las aguas de la vida. El objetivo de una terapia no ha de ser hacer a la persona dependiente de la misma, sino precisamente lo contrario, enseñarle a descubrir sus propias capacidades y, en definitiva, a reconectarse con su propia luz.

Raquel García García

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Navidad y propósitos.

imagesMe gustaría invitaros hoy a una reflexión sobre la Navidad, su significado y esos propósitos que todos o muchos nos empeñamos en hacer cada año cuando llegan estas fechas.

He de reconocer que hasta hace algunos años no me gustaban nada estas fiestas. Me irritaba el consumismo, las cenas de obligado cumplimiento, la falta de tiempo que surgía para hacer otras cosas fruto de todo esto, etc. Lo cierto es que no me daba cuenta de que estaba poniendo mi atención sólo en la parte negativa y no en el provecho que sí podía sacar de estas tradiciones. Hoy en día mi concepto sobre la Navidad ha cambiado, porque yo he cambiado y porque le he encontrado un significado, mucho más allá del concepto religioso y de todos los adornos consumistas que le hemos añadido. Para empezar, si antes me molestaban algunos compromisos sociales que incluía, era porque quizás no me permitía poner límites y decir que no a lo que realmente sentía que tenía que decirlo. Ahora, al menos en lo posible, sólo acudo a aquellas reuniones a las que realmente deseo ir, de verdad; a aquellas reuniones en las que sé que mi corazón se colmará de buenos ratos y compañías, aquellas que me nutren y que son sentidas. Es la única manera que conozco de que las cosas que hacemos funcionen, haciéndolas desde el corazón; estando donde realmente queremos estar y no desde el compromiso o el no saber decir que no. Cada día disfruto más de los momentos en familia, de los ojos brillosos de los que desean compartir su tiempo y sus vivencias conmigo. Me tomo estas fechas como una oportunidad de conectar aún más con la mirada interior, con mi corazón profundo, de pasar más tiempo con los míos y me permito sentir y hacer vibrar a la niña que habita en mí; a esa niña que ha recuperado la ilusión por los regalos, por las cenas especiales y el amor de los que le rodean. Y lo mejor, es que en ese sentido, en el del amor, es Navidad todo el año.

Pero hay una tradición que conservo y son las listas de propósitos para el año nuevo, pero ahora, lo hago con otra mirada; desde un lugar más profundo que el simple deseo de liberarme de lo que no me gusta y pedir que el Universo me traiga mágicamente algo diferente o de hacer actos esotéricos sin asumir responsabilidad alguna sobre mi cambio. Para mí, la Navidad es el fin de un ciclo y el comienzo de otro. Es un buen momento para hacer limpieza, agradecer lo que hemos aprendido  y despedirse de viejos conflictos y creencias y de abrirse al cambio y a lo que éste conlleva. 

Es una oportunidad para tomar perspectiva, prestar atención a las diferentes áreas de nuestra vida y de nosotros mismos y decidir qué nos gustaría transformar o mejorar y qué pasos podríamos dar para propiciar ese cambio; para tomar responsabilidad sobre el diseño de nuestras vidas y contribuir a ello en la medida que nos es posible.

Por ello, me gustaría invitaros a realizar un ejercicio que contribuya a ello. Lo que yo hago es escribir en mi cuaderno personal cada área de mi  vida y debajo de ellas defino claramente los cambios que me gustaría ver reflejados en cada una de ellas y los pasitos que puedo ir dando para acercarme, con sus fechas aproximadas de ejecución (ejercicio propuesto por la Escuela Española de Desarrollo Profesional, en la que cursé parte de mi formación como terapeuta). Me pongo metas con ilusión y, sobre todo,  sin presión; tomo responsabilidad sobre aquello que siento que puedo y, además de esto,  realizo actos simbólicos de psicomagia (un acto de psicomagía, por ponerlo de un modo simple, es como una metáfora; un acto simbólico que usamos para decirle a nuestra psique y al Universo aquello que queremos) para despedirme de aquello que ya no me hace falta (puede ser escribir una carta y quemarla como acto de dejarlo marchar) y también otro acto psicomágico para dar la bienvenida a lo nuevo (puede ser plantar una semilla, etc.). Cada uno que conecte con su corazón profundo, lo respire y elija aquella acción que resuene consigo mismo. No se trata de nada esotérico ni misterioso, sino más bien de un modo de comunicarnos en un lenguaje diferente al de las palabras.

Yo elijo vivir estas fechas desde la consciencia, desde la atención plena y desde la mirada blanda que me proporciona la luz de mi corazón y elijo tomar responsabilidad en mi propio camino…¿y tú?… ¿qué eliges?

Raquel García García

Terapeuta Transpersonal. Experta en Crecimiento Personal y Autoestima.

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