Sobre la búsqueda de respuestas

respuestasLa evolución requiere una adaptación al cambio constante al que estamos abocados en este universo. El cambio, hace saltar nuestras alarmas, ya que nos saca de lo conocido; de nuestra zona de confort y nos coloca en la incertidumbre y ese terreno todavía sin explorar, provoca miedo. Ese miedo es natural y adaptativo,  pero deja de serlo cuando en lugar de servirnos para cruzar el puente con sigilo, llega a bloquearnos y nos impide avanzar. Lo cierto, desde mi experiencia, es que nos cuesta mucho asumir que no tenemos el control de lo que nos pasa, que en el fondo, no sabemos nada y que además, eso está bien.

Cuando la vida nos coloca en alguna circunstancia que no nos gusta o que consideramos que no nos es favorable, lo primero que solemos hacer es preguntarnos por qué a nosotros. Esa pregunta conduce inevitablemente al victimismo y, según las creencias de cada uno, puede, que incluso para ciertas personas y ciertos ámbitos sea el detonante de una larga e incesante búsqueda de respuestas sobre el origen de esa “desfavorable circunstancia”.  Algunos correrán en busca de una lectura de cartas o algún tipo de videncia que le de las claves de lo que va a pasar y de cómo solventar el asunto. Otros, corremos a buscar qué actitud, emoción o sentimiento nuestro ha podido provocar la llegada a nuestra vida de tan “amargo compañero”, qué hay en nuestro sistema familiar que no fluye del modo en que debería, qué no estamos haciendo bien con nuestra vida, nos preguntamos si estamos alineados con nuestro propósito o no, nos convertimos en policursillistas de todo tipo de terapias y talleres, etc., lo que sea con tal de librarnos de eso que nos causa sufrimiento. Sabemos que fundamentalmente, son las circunstancias que calificamos de desagradables las que más nos invitan a salir de nuestra zona de confort y a tomar acción y esto puede resultar muy positivo, porque es del propio conocimiento de donde sacaremos el mayor provecho, pero también está, como en todo, la otra cara de la moneda; de esa dualidad, y es que si, a pesar de todo, la circunstancia se prolonga y nos seguimos peleando con ella en lugar de aceptar lo que es y está en curso aquí y ahora, correremos el riesgo de pasarnos la vida buscando esas respuestas; persiguiendo una zanahoria que parece que nunca llega, porque, como he dicho antes, no siempre recibimos las respuestas que deseamos cuando nosotros lo queremos, sino cuando toca y en ocasiones, no toca, por mucho que nos empeñemos en ello, porque a veces, en nuestro camino está esa experiencia y el vivir y experimentarnos a través de ella durante el tiempo que sea necesario.

Y ¿qué puede ocurrir cuando perseguimos algo de una manera tan compulsiva esperando un resultado que no sabemos si llegará o cuándo lo hará? Que nos perdemos la vida…nos perdemos lo que somos y tenemos aquí y ahora…nos perdemos las sensaciones y los regalos que la vida nos está poniendo por delante en este preciso instante, que realmente es lo único que tenemos. ¿Tengo que esperar a curarme de una enfermedad para vivir?; ¿tengo que esperar a tener el trabajo perfecto para considerarme válido? ¿tengo que esperar a tener pareja para hacer las cosas que quiero hacer? ¿necesito tener unos padres ideales para poder evolucionar?…Para mí la respuesta es no. No tenemos ni idea de lo que nos depara el futuro. Lo único que sabemos es desde dónde partimos y es desde ahí desde donde yo puedo trabajar y elegir caminos, pero disfrutando de ello, sintiendo cada paso que doy y aceptando el lugar desde donde parto y lo que me acompaña aquí y ahora. Y tal y como yo lo siento, ahí reside el arte de la adaptación, en ser consciente de los recursos personales con los que cuento y hacer uso de ellos en cada momento para ir avanzando y caminando de la mejor manera posible, pero sin ser dependiente de un resultado; soltando expectativas y controles. No somos erróneos por tener conflictos, sean del tipo que sean, sino seres en constante aprendizaje y evolución y los conflictos, nos guste o no, forman parte del camino.

No siento que haya que esperar a que ocurra nada para vivir, porque mientras hacemos esto, la vida pasa y si estamos aquí, es precisamente para eso, para vivir. ¿Qué mayor sentido podría tener nuestra vida?

No estoy insinuando que siempre sea negativo buscar respuestas a nuestras preguntas, ni que haya que resignarse o que no haya que ponerse metas…aceptación no es resignación, pero tampoco es lucha. Hay un camino medio, un punto de equilibrio en la balanza en el que uno trabaja para sí mismo y hacia donde quiere estar sin llegar a obsesionarse con el control, las respuestas y el resultado, siendo consciente de que vivimos en un universo cambiante con leyes propias; un punto en el que uno siente que sea cual sea el resultado de su trabajo personal, éste, sin duda le llevará a una mayor consciencia de sí mismo y que eso, en sí, ya es un regalo. Es natural y humano desear bienestar. Conocerse a uno mismo y tratar de cambiar actitudes, estados, que no nos ayuden en el camino es sano y positivo, pero siento que la clave es partir desde la aceptación de lo que es, y no desde una huída despavorida hacia delante o hacia atrás; hacia el resultado o el origen. Siento que cada uno de nosotros está llamado a poner los medios necesarios para que nuestro camino sea lo más parecido a lo que queremos que sea, pero una vez haciéndolo, soltarlo y permitir que el universo siga su curso, fluyendo con él es lo que nos brinda sosiego.

Mis mayores estados de paz y bienestar interior han surgido de mi interiorización y aceptación de que no sé nada y de que eso, está bien. Aceptar que no tengo el control, que sólo soy un ser en una aventura humana y que eso es lo que estoy llamada a ser es lo que me equilibra y me pone en sintonía con el momento presente; con lo que me gusta y lo que no me gusta de él. Y así sigo aprendiendo, dando pasos de bebé…experimentando alegría y tristeza, dolor y placer, esperanza y desasosiego y todo el paquete de emociones y sentimientos que forman parte de mi experiencia humana, porque así somos y así estamos diseñados, porque todo esto forma parte de nuestra evolución y nuestro aprendizaje, porque al fin y al cabo, eso es VIVIR…sin evasiones, sin excusas, sin bypasses espirituales, sin redes que amortigüen la caída.

Como siempre, esto que expreso es fruto de mi experiencia y por qué no, de las creencias derivadas de mi aprendizaje. Así que de nuevo te invito a no caer en dogmas y coger sólo lo que resuene contigo y te sirva, y a soltar el resto. Nadie tiene la verdad última sobre nada, las certezas las siente uno como suyas en su fuero interno y lo que le sirve a uno, no tiene por qué ser lo que le sirva a otro. Puede que incluso, yo misma, dentro de un tiempo, no esté de acuerdo con algo de lo aquí expresado…¿quién sabe?…así es el cambio ;)

 

Raquel García García

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Equilibrio

 

equilibrio

Ahí está la clave del equilibrio; en la integración de ese todo que somos, sumando en lugar de restando; sin perder un ápice de nuestra humanidad y sin dejar de renunciar a esa parte más espiritual que también habita en nosotros. Somos un todo, no piezas alienadas de un puzzle incompleto y la paz sólo es posible siendo capaces de aceptar y abrazar a todo aquello que nos conforma.

Raquel García García

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Humanos y divinos

almasgemelas211Me gustaría hacer hincapié en algo que me vengo encontrando en muchas personas que me escriben o se comunican conmigo. Me llegan personas que se sienten mal por no sentirse bien, es decir, que tras llevar un tiempo en un sendero de autodescubrimiento o tras haber estado trabajando en sintonía con la llamada “filosofía del pensamiento positivo o nueva era”, no pueden comprender cómo es que la vida les ha traído algún “golpe” y sienten que han debido hacer algo “mal” y además se sienten erróneos por estar tristes.

Sentirse en paz o equilibrado no consiste en pretender no sentir nunca emociones y sentimientos de esos que nuestra mente califica como “negativos” (ira, tristeza, desánimo, dolor, etc.) y estar siempre al son de los estados que calificamos de “positivos”. Todo forma parte de nuestra condición de seres humanos aquí y ahora. La cuestión es ser conscientes de lo que estamos sintiendo y por qué y no quedarnos atrapados en ninguno de ellos convirtiéndolos en patológicos y haciendo que pierdan su función básica. Ya lo expliqué en algún post anterior en el que hablaba de las funciones de cada emoción. Tampoco la felicidad implica que uno tenga que estar 24 horas con la sonrisa en la boca. Permitámonos sentir, experimentar, fluir. Dejemos de encorsetarnos en el “cómo deberíamos” ser. Negar nuestra condición humana es estar en contra de nosotros mismos; no aceptar nuestra totalidad como seres humanos y divinos. Pensar en positivo es una actitud fantástica ante la vida, pero obviamente si a uno le dan una mala noticia que implica por ejemplo, una pérdida (ya sea de salud, de un ser querido, etc.), sentirá dolor y aflicción y tendrá que pasar un duelo. Es lo sano y natural. Lo contrario no es signo de ser un ser más espiritual o elevado a diferencia de lo que muchos creen, sino que se convertiría en un duelo enquistado que más adelante se volverá a presentar de alguna forma u otra. Una vez aceptada la situación, uno podrá trabajar en pos de encontrar el lado de aprendizaje, aprovechando así lo acontecido, pero ni ser positivo consiste sólo en estar contento ni estar en paz se traduce en ser imperturbable. El dolor también forma parte de este gran juego que es la vida y tratar de negar esto nos conducirá a la frustración y a pensar que estamos haciendo algo mal. Para mí esto no es cierto. No podemos tratar de controlar todo lo que nos pasa en este camino. El Universo tiene leyes que a nuestra pequeña mente le cuesta entender, pero tratar de adoptar una filosofía positiva, hacer trabajos de crecimiento personal o incluso desarrollar nuestra parte espiritual no ha de ser un medio para un fin, es decir, no ha de suponer un modo de tratar de controlar todo lo que nos sucede, sino simplemente una manera de despertar a un camino de autodescubrimiento que nos hará sentir reconectados y más en paz; que nos hará comprender las cosas desde otro punto de vista y probablemente nos ayudará a entrar en la aceptación de lo que es mucho más rápida y eficazmente de lo que entraríamos si fuésemos personas que han perdido todo el contacto consigo mismos, que tengan una actitud pesimista y melancólica. Pero repito, esto no implica necesariamente que nunca más nos vaya a suceder algo que en el momento percibamos como “negativo”, ni tampoco que no podamos o no debamos sentir dolor o tristeza cuando toca. No somos máquinas. La vida está llena de imprevistos porque sólo el cambio es permanente.

Soy consciente de que he mezclado muchos conceptos e historias importantes y diferentes (pensamiento positivo, espiritualidad, crecimiento personal, etc.) que bien merecerían atención por separado, explicando bien las inclusiones y distinciones de cada una de ellas, pero eso ya sería materia de otra entrada, ya que no era eso lo que quería expresar en esta. Los extremos son poco sanos se trate de la forma de vida de que se trate y a través de ellos podemos convertir la más sana de las filosofías en una trampa que nos hará vivir en una ilusión en lugar de ayudarnos a vivir nuestra realidad de la forma más equilibrada, que seguramente sería su función original.

Por supuesto, este es sólo mi sentir y no es mi intención convencer a nadie de nada. Toma este escrito sólo si te resuena. No existen las verdades absolutas y lo importante es siempre lo que signifique para cada uno.

Es maravilloso comprender y saber que tenemos una parte divina, pero no por ello hemos de rechazar lo humano que hay en nosotros aquí y ahora. Te invito a que descubras , aceptes e integres tu totalidad…¿te apuntas?

Raquel García García

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Indefensión Aprendida

jaula[1]Alguna vez en otro post creo haber comentado algo sobre este fenómeno estudiado y descrito por la psicología. La teoría de la “Indefensión aprendida“, fue desarrollada por  Martin Seligman (psicólogo norteamericano), como resultado de sus investigaciones y experimentos en pos de su interés en la depresión.

Tras varios experimentos, Seligman enocntró que al someter a un animal a una situación aversiva (por ejemplo calambrazos) de la que no podían librarse de ninguna manera, éste acababa aprendiendo a actuar o comportarse sin defensa alguna (debido a lo cual terminaban aceptando la situación sin condiciones y sin resistirse a ella ni hacer nada por evitarlo, aún cuando existiese esa posibilidad de hacerlo en experimentos posteriores, como por ejemplo, apretando una palanca). Pues bien, parece ser que también este mecanismo funciona así en las personas. Esto significa que si nos vemos sometidos a una situación “aversiva” o negativa para nosotros repetidas veces sin que podamos hacer nada, acabaremos adquiriendo la idea de que siempre que surja una situación similar, no habrá nada que podamos hacer para defendernos o salir de ella y recuperar nuestra responsabilidad y poder personal. Obviamente, cuanto más se repitan estas situaciones, más se grabará este patrón en nuestra mente y más costoso será, a priori, deshacerse de él.

Indefensión-aprendida

Desde mi sentir, el primer paso para superar algo, es ese “darse cuenta”; ese tomar consciencia de lo que me está ocurriendo, así que cuelgo este post y un enlace al siguiente vídeo con la intención de que valoréis si os véis reconocidos en este patrón de pensamiento y conducta y comprendáis lo fácil que se puede llegar a plantar esa semilla en nosotros.

http://www.youtube.com/watch?v=y6-HyPUmRzg

Raquel García García

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Tomar Acción

Si no lo intentas, nunca sabrás si es posible. Tomar acción es importante, porque abre la posibilidad de que ocurra. Negarse a hacerlo, es llevar el NO por delante; dejarse paralizar por el miedo. ¿Qué tienes que perder? Y si finalmente no ocurre o no es posible en ese momento, tampoco será un “fracaso” y tú al menos habrás puesto toda la carne en el asador y eso, es mucho más tranquilizador que quedarse con la duda de “qué hubiese podido pasar si hubiese tomado acción”.
Raquel García García
tomar acción
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