La curiosidad no mató al gato.

images «Tienes que ver lo que los demás no ven. Ver lo que los demás deciden no ver por temor, conformismo, pereza. Ver el mundo de forma nueva cada día» (Patch Adams, 1998)

Desde siempre han surgido personas en mi vida que han insistido en hacerme conocer su postura a cerca de mi curiosidad natural por aprender y saber “demasiado”. He oído muchas veces cosas como que era malo querer saberlo todo; preguntar por todo; “comerse tanto la cabeza”, etc. Incluso he llegado a escuchar a personas decir que se es más feliz en la ignorancia porque cuando uno se empieza a preguntar asuntos como cuál es el sentido de su vida comienza a perderse. Siento discrepar, pero es así. Yo he descubierto que es justo en ese momento en el que empieza tu despertar;  en el que comienzas a resistirte a ser un autómata que se levanta cada día para vivir el mismo que el anterior y se acuesta sin haber aprendido ni conocido nada nuevo; sin más misión que la de respirar. Puede que la senda sea confusa y larga, pero sólo sale de la zona de confort aquel que pregunta, explora y arriesga y éste, tras un tiempo caminando siempre acaba encontrando un nuevo y distinto paraje; un paraje que le supondrá un avance como persona. Muchas veces elegimos quedarnos en la zona gris por miedo al cambio; por temor a lo desconocido, pero si lo piensas o, mejor dicho, si lo “sientes” bien, acabarás dándote cuenta de que es mucho más terrorífico quedarte estancado en el mismo sitio por tiempo indefinido; en un lugar en el que no eres feliz y al que no le encuentras más significado que el de sobrevivir sin importar el cómo. Decía Honoré de Balzac: “la resignación es un suicidio cotidiano” y, entonces…¿por qué habríamos de resignarnos?

Yo personalmente me siento tremendamente feliz de mi naturaleza porque gracias a ella miles de oportunidades han asaltado, asaltan y seguirán asaltando mi vida. Hoy puedo decir que mi afán por apartarme de esa zona gris me ha llevado a destinos más exóticos y placenteros y que estoy dispuesta a comprometerme conmigo misma a que siempre que perciba en mi vida un atisbo de esa oscuridad me precipitaré al vacío en busca de más luz.

No olvidemos que está demostrado que la curiosidad es una cualidad inherente al ser humano, así que si nos viene de fábrica, ¿no será que está para hacer uso de ella? 🙂

En mi mundo, la curiosidad, lejos de matar al gato, le invita a vivir y es su gran aliada.

 Raquel García García

Acerca de Raquel García

Raquel García García Terapeuta Transpersonal. Experta en Crecimiento Personal y Autoestima. Meditación, mindfulness, danza consciente. Tel. 639 318 014 Mail: raquel@garciagarcia.eu
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1 respuesta a La curiosidad no mató al gato.

  1. Tooooootalmente de acuerdo, Raquel. Animo valiente!

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